una perrita inconveniente
yo paseaba a Yauhtli antes de encontrarla. la llevaba al final de una correa invisible, invisible también y le decía “vamos” cuando se quedaba olisqueando.
la vi por primera vez en un cartel de adopción en la cafetería donde Héctor compra pan brioche. supe que era ella.
descubrí su ferocidad al día siguiente de haberla llevado a la casa. descubrí su miedo al momento de ir por ella, flaquísima, a otro café.
a Héctor y a mí nos quiso apenas nos vio, vino a la casa sin ver atrás. a casi todas las personas antes de quererlas quererlas, quiere morderlas.
Yauhtli es una perrita inconveniente.
sumamente inteligente. poco compartida. incomparablemente generosa.
sufrí una crisis cuando pasaban meses y ella no dejaba de morder chamorros, pompas, brazos, ropas. de ladrar y mostrar dientes. gruñir. lanzarse.
atravesé varias crisis después que nada tienen que ver con ella. y en cada una me pregunto cuánto más difícil hubiera sido sin ella.
entiende casi todo el español, sobre todo lo que no está dicho. lo que no puede decirse. prefiere dormir enroscada en medio de mis piernas, de las de Héctor o una de cada uno.
Yauhtli nos enseña que hay todo otro mundo que no vemos, un mundo de olores, de sonidos muy lejanos, un mundo sin tiempo. nos enseña que las fronteras del amor no son, que están cada vez más lejos.
tener una perrita es muy inconveniente. hay que volver a casa a echarle un ojo, a que salga a hacer pipí. hay que pasearla mucho, para ella nunca es buen momento de volver a casa.
hay que prepararle su comida, dársela. enseñarle trucos. acompañarla a jugar, jugar con ella. desarrollar la habilidad de prevenir mordidas. seguir aprendiendo a presentarle amigos humanos.
tener una perrita es muy inconveniente.
tener una perrita es vital.