mucho gusto

Querida amiga,

He vivido un año que ha durado varios. No me quedaba más que despedazarme, alejarme, replegarme, reconstruirme. Necesitaba desaparecer. No sé cómo empezar a compartirte dónde estoy ahora, por dónde he pasado. Tampoco sé si quieras saberlo o dónde has estado tú. Lo que creo es que para ser amigas hace falta empezar de nuevo: Mucho gusto, me llamo Daniela. Te ofrezco la humana que soy ahora, la amiga que puedo ser. No puedo ofrecerte la amistad que teníamos, la amiga que conoces.

Hace más de un año que he estado embarazada, que soy mamá, somos papás, pero no hemos podido cargar a nuestros hijxs. Pasé tres meses ilusionada, con náuseas; dos días catatónica planeando morirme, dos semanas desangrándome, cuatro meses imposibles, dos meses feliz otra vez, preguntándome cuándo llegarían las náuseas; una semana sangrando, otra semana de navidad sangrando y temblando de fiebre, un día en un procedimiento de emergencia, dos meses aullando sin dormir, un mes confuso sin saber que estaba embarazada por tercera vez, dos meses vomitando sin poder funcionar, confiada, agotada, esperanzada, aterrada. Aquí estoy, esperando a nuestrx hijx, con dos hijxs por los que nadie pregunta ya, que no existen para nadie más que para su papá y para mí.  

A veces quisiera recuperar la simpleza del primer embarazo, el pensar que el nacimiento es la consecuencia natural, poder contárselo a todos y sentir que sin duda es real, no tener que agregar “si todo sale bien” cuando comparto la fecha probable de parto, dejar que me regalen cosas sin pensar a quién donarlas si esto no sale bien. No despertarme asustada sin motivo, no revisar si me he manchado de sangre, no tocarme la panza para comprobar que sigue ahí y preguntarme si crece como debería. No ir desvelada y temblando a cada ultrasonido, no cerrar los ojos y rogar hasta que me dicen que todo se ve bien.  

Quisiera ahorrarme la vergüenza de sentir tanta envidia cuando alguien me comparte la noticia de su embarazo y poderme sentir hermanada también con las que tienen un camino reproductivo aparentemente más fácil. Quisiera sentir que no soy menos que ellas, que soy una mamá como todas, no una mamá alien, dejar de hacerme el cuento de que estoy sola en esto cuando somos tantas. Pero todavía no puedo.

En el fondo sé que mis pérdidas son mis mayores ganancias. Que no cambiaría nada de lo que hemos vivido, todo lo que he crecido, conocerme tantas capas más adentro, la consciencia de vulnerabilidad, el valor que le da a mi vida y a cada día sosteniendo a esta otra vida. Que no quisiera volver a ser la de antes, la que conocías. Pero me siento sola:

Mucho gusto, me llamo Daniela. Sé que desaparecí por mucho tiempo, pero ahora sabes por qué. Y quiero conocerte como si no te conociera antes, si tú quieres conocerme a mí.

Daniela.

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