42 días
Mi Momo:
Ayer cumplimos cuarenta y dos días, seis semanas, un posparto sin ti, el final de nuestra lactancia.
Ayer también supimos por las pruebas genéticas que definitivamente eras hembra y que no eras compatible con la vida. Es un alivio confirmar que no estaba en mí que llegaras viva, que hice lo mejor que pude, que te lo dimos todo, que cumpliste tu tiempo, que nos diste más de lo que cualquiera esperaba. Me enorgullece la cara de sorpresa que todos los doctores ponen cuando les cuento que me diste y te di más de diez litros de leche con las circunstancias en contra.
Me valida que me explicaran también que el error genético que tú tenías causa unos de los peores síntomas tempranos de embarazo. Cuando dije a otros doctores lo difícil que era levantarme, cuánto me dolían las articulaciones, las náuseas y el mareo tan fuertes que sentía, que lo vomitaba todo, que todos los olores a decenas de metros ya eran insoportables; me decían que los síntomas intensos eran señal de un embarazo favorable, que era normal, que exageraba. Saber que lo que sentía era real y que indicaba que las cosas no iban bien, que a la vez justificaba el miedo terrible que me enredaba la tripa, es un suspiro enorme. Me siento vista.
Con parteras hicimos nuestro ritual de cierre, me hicieron sentir sostenida, lista para soltarte y seguir. Me sentía tan triste cuando entró una embarazada panzona antes que yo a la morada, triste de dejar de producir leche, triste de sentir que se acaba este posparto tan difícil, tan iluminado, tan instructivo, tan nuestro, triste de imaginar a tu alma yéndose, de sentirte un poco menos cerca. Con miedo de olvidar la sensación de tu cuerpo en mi mano, cómo tenías los piecitos cruzados, lo que se sintió darte a luz, cómo dolía y no era dolor y cómo navegamos juntas cada parte de esto.
Quisiera acordarme toda la vida de cada momento, del día que vi la prueba de embarazo positiva aunque la de sangre había salido negativa porque tardaste en implantar, de ir a danza Butoh sabiendo que llevaba el mejor secreto en la panza, de ver a Yauhtli protegernos fiera, de ir a comprarte ropita, la carreola de los sueños, un avioncito de madera y un pato precioso de tela, de luchar con las náuseas para salir a celebrar tu llegada, nuestro aniversario, de hacer ejercicio por ambas a pesar de la fatiga, de caminar todos juntos, de cuando Héctor te puso la Happy Song, de sentir cambiar mi cuerpo, de enloquecer por los pulparindos, de lo asqueroso que era abrir el refri, de estar en la cama sin poder levantarme, de llorar de miedo, de irles contando a todos con esperanza, de cada ultrasonido, de verte muerta en la pantalla, de ese shock que es como un ruido blanco y una luz cegadora que perfora, de ir al genetista y que fuera tan amoroso, de llorar sin trabas, de sentir el dolor de la congestión de leche y no creerlo, de recibir el apoyo maravilloso de Amalia para llevar la lactancia y la supervivencia, de lograr al fin donarla, de abrirle la puerta a la envidia más intensa que he conocido, de todas las punciones para los análisis, de despertar a las 3 am a sacarme la leche viendo tu foto y prendiendo una vela, de pelear con tu papá por la intensidad del duelo, de enfrentar al fin a un agresor en la imaginación, de haber seguido varias veces mi intuición por encima de lo que los doctores dicen, de cómo se transluce la realidad en medio de tanto dolor, del dolor en todo el cuerpo que deja tu ausencia, de las risas en medio de la tristeza más profunda, de sentir a tu papá más conmigo que nunca, de sabernos equipo, de flaquear y fallar y perdonarnos.
Quisiera no olvidar nada. Pero sé que va a ir volviéndose borroso, tal vez llegue el día que la imagen de tu cuerpo en mi mano no parezca una foto en mi cabeza. Sé también que no importa, que llevo tu esencia conmigo, el enorme crecimiento a partir de este reto, la compasión que se aprende cuando una se desgarra hondo, la esperanza que trae saber que viniste, saber validarme y a mi tripa, conocer cada vez más mi cuerpo, mi mente, al universo, a ti. Ver romperse otra vez un sueño y elegir confiar.
Pero encima de todo, éste es un momento para agradecerte por venir, por mostrarnos nuestra capacidad de canalizar vida inesperadamente tan pronto, por muchos de los momentos más luminosos y felices de mi vida, por dejarnos escuchar por primera vez el latido de unx de nuestrxs hijxs, por el parto más bonito, la lactancia más plena, por el día que hice arco y saltó la leche como fuente, por vivir tantas semanas dentro mío, por permitirnos cargar tu cuerpo.
Según los tibetanos el alma de nuestros muertos se queda 49 días con nosotros en la Tierra para dar cierre, para acompañar el duelo, transmitir enseñanzas; te deseo pronto el más feliz tránsito a otros planos donde te esperan tus tres hermanxs.
Momo, te dejo ir, no me arrepiento de nada, no me aferro a nada, te llevo siempre conmigo, aprendo para siempre contigo. Mi pececita.
Tu mamá
(la foto la tomó tu papá)