8 meses iluminados
Amada Luci, nuestra lucecita:
El primer día que pensé estar embarazada de ti fue hace justo 8 meses en el concierto de Natalia, lloré toda la primera mitad. Me acuerdo ir antes en el Uber con Héctor hacia el Auditorio y ver la nueva rueda de la fortuna de Chapultepec pensando en ti, sintiéndote apenitas en mi panza. Me había parado antes de salir de la casa frente a mi altar y pensado en el gato de Schrödinger de mi útero, en ese momento estaba a la vez embarazada y no, potencialmente. Miré el altar y decidí estar embarazada.
El 29 de noviembre, dos semanas después, incluí una prueba de embarazo, por si acaso, al hacerme análisis de tiroides que me habían encargado. Casi salto hasta el techo cuando a mediodía me llegó el postivo a mi correo, era miércoles y tu papá había ido a dar clases. Cuando volvió y le dije, no se emocionó como yo quería. Seguíamos frente al reto del duelo por nuestro primer embarazo planeado, el de Ajonjolí. Exactamente hacía 5 meses, el 29 de junio, habíamos descubierto que su embrión no se había formado. Peleamos mucho tras la noticia de tu llegada, lo lamento, Héctor estaba en shock, se obsesionó y compró al día siguiente un monopatín eléctrico. Me llevó a la cajuela a ayudarle a bajarlo de sorpresa, yo deseaba que fuera una carreola. La verdad todavía a veces veo el patín y me da un poquito de coraje.
Logramos regresar a la paz y te hicimos una ceremonia de bendición, usamos estambre amarillo (tu color) para lazar mi panza, el cuello de Yau, la muñeca de tu papá. Hicimos un círculo de flores, te deseamos lo mejor. Me entregué a la confianza, me sentía iluminada.
El 13 de diciembre es Santa Lucía, la de la corona de velas que lleva luz a las penumbras. Ese día algo estaba raro. La mañana siguiente, un mes después del concierto; fui a correr, estuvimos enamorados, salimos a desayunar y luego noté que estaba sangrando con ganas. Le grité a tu papá desde el excusado con la voz temblando, atorada y sentí que lo supo antes de correr hacia nosotras, sabíamos lo que venía. Me abrazó fuerte.
Teníamos lista la receta médica para hacerte un primer ultrasonido en un par de días, esperando oír tu latido. Nos fuimos en seguida al laboratorio, entré sola, tu papá estaba otra vez en shock. De inmediato vi en la pantalla sólo un saco vitelial que empezaba a desinflarse, confirmé que todo iba contrario al deseo. El técnico de ultrasonido fue insensible por querer ayudar y con el transductor dentro de la vagina todavía, intentó abrazarme, me sentí violentada, le pedí que se alejara, me empezó a dar opiniones y consejos no solicitados, yo sólo quería salir corriendo y quebrarme en mil pedazos.
Tras tu nacimiento (parcial) en casa me sentía iracunda, llena de odio y violencia, frustrada, envidiosa, con ganas de destruir, herir, dañarme. Ganas nada más. Stephy me dijo que lo que nos define no es el impulso, si no lo que hacemos con él, así que por dentro me sentía como una asesina, suicida o criminal, pero estaba lejos de serlo. Otra vez peleaba mucho con tu papá, había mucho que aprender y viniste a abrir las ventanas.
Fuimos el 23 a Vallarta para navidad, seguía sangrando demasiado, la cosa se complicó, para el 25 estaba con fiebre, temblores, diarrea, vómito, dolor, me dio una infección uterina. Volvimos el 29, el 30 me hicieron una aspiración para sacar los pedazos tuyos a los que pienso que quería aferrarme de algún modo. Me hundí, me dolí, perdí toda la esperanza, exploté en furia. Empezó el insomnio más terrible y los sentimientos más horribles que hasta ahora conozco, ni siquiera les encontré nombre, pero se me enredaban como lazo del diablo y me inmovilizaban toda la madrugada. Yo meditaba una hora sin falta, hacía presencia ante lo insoportable. Tu papá mantuvo el fuerte, a nosotros.
Usé el fuego de mi enojo para iluminar esas tinieblas, era lo único que tenía a la mano, pero al fondo brillabas siempre tú y eso me sostuvo.
Tu ceremonia funeraria la hicimos solos en la playa, te entregamos al mar, sueño que de ahí te evaporaste al cielo porque cuando íbamos en el avión te imaginé iluminando las nubes con tu calidez, volando ágil alrededor del planeta llevando optimismo.
Aunque creo que tu duelo fue en cierto sentido el más difícil hasta ahora, donde más ánimos me faltaban, donde el enojo lo empañaba todo, se también que fue tu amor y tu luminosidad lo que me llevó adelante. Sé que al cruzar la ciénaga de los muertos recibí dones que no se encuentran en otra parte y que poco a poco se me revelan. Tuve que aceptar un camino reproductivo sinuoso, la incertidumbre y el descontrol, hacerle espacio en casa a la muerte para que se quede cerquita. Para mirarla todo lo que hacía falta y hasta ahora poder voltear de lleno hacia la vida. Tuve que entender que sólo me queda la tenacidad y la paciencia, que nada está sólo en mí, en nosotros, pero seguimos confiados en que pronto nacerá Xilu viva, cuando Momo después de ti no pudo hacerlo.
En nuestro cuarto puse ya 4 muñequitos, uno por cada uno de nuestrxs hijxs. Para poder dimensionar su existencia, su muerte. Los primeros días que los veía todos juntos era insoportable, insostenible tanto dolor a la vez, pero poco a poco nos asentamos, abrazamos esta familia enorme y multiplanar.
A veces creo que me embaracé tan pronto de Momo después de ti que me faltó abrazarte y oírte. Ahora seguido siento el impulso de abrazar el monito que escogí para representarte. Es tan suave, como tú, me serenas tanto. Gracias por venir, Luci. Gracias por brillar, por recordarnos nuestra fertilidad, nuestra fuerza, lo posible. Por enseñarme a sostener el enojo, a no juzgarlo, a usarlo a mi favor. A hermanarme conmigo como agresora y no ver a los victimarios siempre como otros.
Gracias por ser nuestra hija. Por acercarme a Julie. Por la resignación y por el principio de la desvictimización. Por seguir aquí recordándome desear y esperar siempre lo mejor. Que el pesimismo no sirve como defensa contra el dolor o la tragedia, pero sí suma un sufrimiento innecesario. Por llevarme a entender que nadie va a venir a hacerme un Patronus del otro lado del lago, que soy yo finalmente quien ha de sostenerme, de creer en mí, de amarme, de ser amable conmigo. Sólo yo sé bien cómo cuidarme, lo que necesito.
Eres para siempre mi hija, la tercera, tan como Cosme, el mayor, tan aérea, ligera, radiante y compasiva.
Te amo, Luci, eres parte de nosotros,
Tu mamá, Daniela