ridículo

aprendimos a avergonzarnos tanto por no ser como quisieran nos contorsionamos buscando su aprobación, su permiso de existir integramos sus exigencias como propias y olvidamos de dónde venían empezamos guerras contra ellas, pero adentro de nosotras nos confundimos pensando que había que superar todas que había que someter, vencer, aniquilar el origen de esta vergüenza a veces a nosotras, siempre insuficientes a veces a otros quienes pareciera hicieron o reabrieron esta herida

creamos fantasmas de los heridos que nos hirieron para que habitaran nuestra mente y mantuvieran nuestras fallas bajo control o por lo menos nos castigaran lo suficiente para compensar nuestras culpas emprendimos una campaña interminable de auto-mejora para posponer lo más posible aceptarnos así nada más

el miedo a amarnos nos mantuvo dando vueltas fuera de control incluso nos aterraba usar la palabra amor un momento de quietud parecía amenazante sólo el frenesí podía mantenernos a suficiente distancia de nosotras mismas

en la quietud podríamos hacer el ridículo vernos en nuestra ridiculez plena y asombrarnos por sobrevivirla ser la perdedora o peor, no ser la ganadora acordarnos de que nadie está corriendo esta carrera contra nosotras el enemigo nunca existió

disculpe, ¿qué tan lejos queda la risa de la vergüenza?

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