ésta es nuestra historia y elijo contarla (parte 2)

-escuchar “An Ending, a Beggining” de Dustin O’Halloran-

Nuestra historia no tiene principio. Empezó antes del principio. No hay principio.

Del mismo modo no tiene final. La muerte no es un final, es como desvestirse al final del día, al principio de la noche, y descubrir que debajo del traje no había nada, que lo había todo, tanto más grande que el traje. 

¿El mundo es sólo lo que alcanzamos a percibir, a sentir? ¿Y más allá del mundo? ¿Universo? ¿Único verso? La sílaba que las contiene todas. Nuestra historia contenida en el punto de esta i. Un sólo sonido.

Cuando digo sus nombres, hijxs, me imagino que eso que por tener oídos llamo sonido es una onda interminable, que podrá alentarse y ampliar su longitud, pero viaja desde mi epicentro por el universo durante todas las eternidades. Así que digo sus nombres, de lxs que murieron, de lxs que vienen vivxs. Digo sus nombres y se vuelven parte del tejido del infinito.

Cosmeeeeeeee e e e  e  e   e        e                    e                            e                           e

Ajonjolíiiiiiiiiiiiiiiii i i  i   i   i     i      i        i                  i                            i                              i

Luciiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii i i  i   i   i     i      i        i                  i                         i                              i

Momoooooooo o o  o   o    o     o       o                 o                           o                             o

Xxxxxxxxxxxxxxnnnnnnn n n n n n   n       n           n                            n                          n

Eeeeeeooooo o o  o   o    o     o       o                 o                           o                             o

Cuando digo sus nombres me imagino al espacio plegándose, ondulándose como la superficie de un estanque cuando un insecto esquía sobre ella. Las ondas crecen y viajan por la atmósfera y el tiempo infinito, el espacio. El cosmos de Cosme.

Me encanta que otros digan también sus nombres, que nos los digan, que su sonido surja de otros centros. Pero a muchos les da miedo que escucharlos nos duela demasiado. Cuando es al revés.

Quisiera hacer música para ustedes, y que viaje así, que el universo tiemble como yo de amarles. No he sabido hacerla, pero después de que Ajonjolí murió compramos en Japón una cajita de música en forma de hongo y la hacemos sonar una y otra vez para ustedes. El universo se está llenando del traslape de las ondas de esa tonada.

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